SANTO DOMINGO. 16 DE AGOSTO DE 2008.- Desde que el presidente Leonel Fernández tuvo su primera victoria en el año 1996, con el apoyo del llamado “Frente Patriótico” tras una campaña donde el anti haitianismo se usó como arma política en contra del extinto líder del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), José Francisco Peña Gómez, de origen haitiano, la opinión pública en Haití, ha mantenido cierto escepticismo, frente al mandatario dominicano, que inició este 16 de Agosto, su tercer periodo gubernamental.
No obstante, los trabajos de la Comisión Mixta Bilateral, la incorporación en el tren gubernamental de funcionarios cuyos vínculos con Haití eran y son conocidos, los esfuerzos conjuntos para la integración de los dos países en algunos bloques económicos regionales, la histórica visita a Haití en Junio del año 1998 y la relación de amistad personal iniciada con su homólogo René Preval, constituyeron entre otros, elementos de una coyuntura favorable en el periodo 1996-2000, que ayudó a la proyección de una imagen positiva de Fernández, por lo menos en los círculos oficiales y grupos dominantes de la sociedad haitiana.
Empero, al final de ese primer mandato, en junio del año 2000, el escándalo internacional causado por la implicación de militares dominicanos en el caso Guayubin, donde 6 victimas haitianas del tráfico de personas en la frontera, murieron, algunas con impactos de balas, puso una mancha en una gestión cuestionada por Amnistía Internacional, por las repatriaciones masivas, y las violaciones de derechos humanos de los inmigrantes haitianos junto a la impunidad que envuelve estos casos. El periodo 2004-2008, fue particularmente marcado por varios hechos acaecidos en el año 2005, la situación generada por la muerte de la comerciante Maritza Núñez en Hatillo Palma en mayo, los tres jóvenes quemados vivos en Agosto en la capital, el dictamen de la corte interamericana de derechos humanos en septiembre, y la visita de Fernández a Puerto Principe en diciembre, la cual, a diferencia de la del año 1998, terminó en violentas protestas en su contra. Con la misma intensidad se desarrollaba en dos escenarios distintos, una campaña internacional sobre las condiciones de vida y de trabajo de los obreros migrantes haitianos, especialmente en los bateyes, asimiladas a la “esclavitud moderna”, y una campaña anti-haitiana, en el plano local, con la participación de funcionarios gubernamentales y legisladores de partidos de la extrema derecha, aliados del oficialismo. Resultado: un evidente deterioro de las relaciones entre haitianos y dominicanos. El retorno de René Preval al poder en el 2006, en medio de una grave crisis política interna, con la necesidad de buscar aliados en la región, permitiría sin embargo, un relanzamiento de las relaciones personales entre los dos Jefes de Estado, el cual no se ha transformado, hasta ahora, en el reinicio formal de las discusiones alrededor de las grandes cuestiones de la “Agenda Bilateral”, a través de la Comisión Mixta. La visita de “desagravio” del presidente electo haitiano en marzo de ese año, por la situación vivida por su homólogo en la capital haitiana, fue seguida por un apoyo evidente de la administración Fernández al gobierno haitiano, apelando a un mayor compromiso financiero de la comunidad internacional y al mantenimiento de las tropas de la MINUSTHA. Aunque, la misión diplomática dominicana en Haití, haya tenido frecuentemente de emplearse a fondo, para atenuar en la opinión pública vecina, los efectos de un discurso oficial ambiguo que llega a través de los medios de comunicación, describiendo a Haití como un país fallido y la migración haitiana, una carga para la República Dominicana. Paralelamente, a partir de la celebración del centenario de Jacques Roumain en la Fundación Global Democracia y Desarrollo (FUNGLODE) con la presencia de Preval, en junio del 2007, una intensa labor se ha desarrollado, iniciándose con una representación permanente de la entidad privada del gobernante dominicano, en el terreno en Haití.
No obstante, los trabajos de la Comisión Mixta Bilateral, la incorporación en el tren gubernamental de funcionarios cuyos vínculos con Haití eran y son conocidos, los esfuerzos conjuntos para la integración de los dos países en algunos bloques económicos regionales, la histórica visita a Haití en Junio del año 1998 y la relación de amistad personal iniciada con su homólogo René Preval, constituyeron entre otros, elementos de una coyuntura favorable en el periodo 1996-2000, que ayudó a la proyección de una imagen positiva de Fernández, por lo menos en los círculos oficiales y grupos dominantes de la sociedad haitiana.
Empero, al final de ese primer mandato, en junio del año 2000, el escándalo internacional causado por la implicación de militares dominicanos en el caso Guayubin, donde 6 victimas haitianas del tráfico de personas en la frontera, murieron, algunas con impactos de balas, puso una mancha en una gestión cuestionada por Amnistía Internacional, por las repatriaciones masivas, y las violaciones de derechos humanos de los inmigrantes haitianos junto a la impunidad que envuelve estos casos. El periodo 2004-2008, fue particularmente marcado por varios hechos acaecidos en el año 2005, la situación generada por la muerte de la comerciante Maritza Núñez en Hatillo Palma en mayo, los tres jóvenes quemados vivos en Agosto en la capital, el dictamen de la corte interamericana de derechos humanos en septiembre, y la visita de Fernández a Puerto Principe en diciembre, la cual, a diferencia de la del año 1998, terminó en violentas protestas en su contra. Con la misma intensidad se desarrollaba en dos escenarios distintos, una campaña internacional sobre las condiciones de vida y de trabajo de los obreros migrantes haitianos, especialmente en los bateyes, asimiladas a la “esclavitud moderna”, y una campaña anti-haitiana, en el plano local, con la participación de funcionarios gubernamentales y legisladores de partidos de la extrema derecha, aliados del oficialismo. Resultado: un evidente deterioro de las relaciones entre haitianos y dominicanos. El retorno de René Preval al poder en el 2006, en medio de una grave crisis política interna, con la necesidad de buscar aliados en la región, permitiría sin embargo, un relanzamiento de las relaciones personales entre los dos Jefes de Estado, el cual no se ha transformado, hasta ahora, en el reinicio formal de las discusiones alrededor de las grandes cuestiones de la “Agenda Bilateral”, a través de la Comisión Mixta. La visita de “desagravio” del presidente electo haitiano en marzo de ese año, por la situación vivida por su homólogo en la capital haitiana, fue seguida por un apoyo evidente de la administración Fernández al gobierno haitiano, apelando a un mayor compromiso financiero de la comunidad internacional y al mantenimiento de las tropas de la MINUSTHA. Aunque, la misión diplomática dominicana en Haití, haya tenido frecuentemente de emplearse a fondo, para atenuar en la opinión pública vecina, los efectos de un discurso oficial ambiguo que llega a través de los medios de comunicación, describiendo a Haití como un país fallido y la migración haitiana, una carga para la República Dominicana. Paralelamente, a partir de la celebración del centenario de Jacques Roumain en la Fundación Global Democracia y Desarrollo (FUNGLODE) con la presencia de Preval, en junio del 2007, una intensa labor se ha desarrollado, iniciándose con una representación permanente de la entidad privada del gobernante dominicano, en el terreno en Haití.





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